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‘Altered Carbon’: cuerpos vacíos


Netflix estrena una de sus series más ambiciosas, y no decepciona en el aspecto visual. Checa nuestras impresiones en esta reseña.

por: Lalo Ortega Lalo Ortega

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Empeña tu auto sin tener que dejarlo

Dentro de las historias de ciencia ficción, una de las cosas que se esperan son conceptos de tecnología futurista: evolución humana, realidad virtual, inteligencia artificial, robótica y la conquista del espacio, por mencionar algunos. Otra, son los cuestionamientos sobre las posibles consecuencias de dichos avances en nuestra existencia.

 

Altered Carbon, que se reporta como la serie más costosa de Netflix a la fecha, es un indiscutible éxito en el primer aspecto. La ambición de su presupuesto rinde frutos en un escenario distópico que se siente igual de tangible como desesperanzador, lleno de autos voladores, burdeles virtuales, planetas lejanos y barrios bajos tapizados en neón. Un mundo que bien podría formar parte del universo de Blade Runner (que esto sea una hazaña televisiva o un insípido derivado será cuestión de apreciación).

 

 

En el segundo sentido, la serie sólo cumple a medias, y no porque la premisa de Altered Carbon no se preste a preguntas profundas: dentro de un par de siglos, la humanidad podrá digitalizar su conciencia en pequeños dispositivos implantados al nacer, llamados “pilas”, que pueden ser transferidos a nuevos cuerpos vacíos, o “fundas”, de forma indefinida. Esto significa que una persona podría vivir para siempre… si es que puede costearse las fundas necesarias.

 

Así, la inmortalidad sólo está al alcance de los más ricos, la clase social con el adecuado apodo de “Matusalén” o “Mats”, quienes viven como dioses en la punta de los edificios más altos, por encima de las nubes, la pobreza y la contaminación.

 

Es en el año 2384 que Takeshi Kovacs, un guerrillero rebelde en su vida pasada, es despertado y puesto en una nueva funda (Joel Kinnaman) por Laurens Bancroft (James Purefoy), para investigar su propio asesinato. El caso conduce a Kovacs a involucrarse con personajes como una inteligencia artificial hotelera inspirada en Edgar Allan Poe (Chris Conner), la oficial de policía Kristin Ortega (Martha Higareda) y otros de algún modo vinculados a la familia Bancroft.

 

 

Altered Carbon opera en los términos de una historia policiaca, y como tal cuenta con brillantes secuencias de interrogatorio y combate enaltecidas por sus elementos futuristas. Las salas de tortura existen en la realidad virtual donde ni siquiera la muerte es el límite, y las brutales luchas clandestinas son entre humanos genéticamente modificados. Esta serie encuentra uno de sus excesos en su nivel de violencia, glorificada al punto de la trivialización. Ésta es tan vacía como los cuerpos que son víctimas de ella.

 

El otro exceso de Altered Carbon se encuentra en su ambición narrativa, pues en definitiva intenta abarcar demasiados temas y subtramas a lo largo de sus 10 episodios. Como resultado, algunas son mucho menos contundentes que otras, pero respecto al misterio central de la historia, basta con decir que alcanza una conclusión satisfactoria y sorpresiva para quienes puedan soportar su apetito durante su lenta y enredada cocción.

 

Por otro lado, las reflexiones sobre el peligro existencial de la desigualdad socioeconómica y sobre la esencia humana ante la inmortalidad de los dioses, pasan a segundo plano frente a la acción, el caso Bancroft, y las historias individuales de los personajes. Estos últimos, por como es llevada la trama, se convierten en uno de sus aspectos más irregulares.

 

 

Durante la primera mitad de la serie, por ejemplo, Kovacs es el antihéroe inexpresivo y taciturno tan típico de estas historias, por lo que resulta un alivio cuando, hacia el final, tanto Kinnaman como Will Yun Lee (el cuerpo original de Kovacs que vemos en flashbacks) dotan al personaje de emoción, motivación y vulnerabilidad. Personajes como Poe y Vernon Elliott (Ato Essandoh) brindan el muy necesario toque cómico a un mundo tan sombrío que, de lo contrario, sería difícil sobrellevar.

 

Otros tienen menos suerte. Martha Higareda convence como Kristin Ortega, la aguerrida policía de origen latino que, escrita al pie de la letra del cliché, maldice en español, es católica y tiene una madre conservadora que cocina la cena familiar para el Día de muertos. Ortega es de los pocos personajes femeninos en la serie que no es una de las numerosas prostitutas o víctimas de sádicos asesinatos (y en muchos casos, lo primero va con lo segundo). Uno esperaría que dentro de 300 años, la humanidad ya habría superado estos estereotipos.

 

Está lejos de ser perfecta, pero por mérito de sus valores de producción, su ambiciosa historia e inventivos conceptos de ciencia ficción, Altered Carbon merece la paciencia necesaria para sus episodios iniciales. Si el retorno de inversión es atractivo para Netflix, quizá lleguemos a ver adaptada la segunda novela en la serie de Takeshi Kovacs, “Broken Angels”. Esperemos que ésta tenga más sustancia y menos sadismo innecesario.



Altered Carbon

Creación: Laeta Kalogridis

Reparto principal: Joel Kinnaman, Martha Higareda, James Purefoy, Dichen Lachman, Chris Conner, Ato Essandoh, Kristin Lehman, Renée Elise Goldsberry, Trieu Tran, Will Yun Lee

Estreno: 02 de febrero de 2018

Plataforma: Netflix

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