México vive una paradoja tecnológica: nunca habÃa tenido tantos usuarios de internet, más cobertura móvil ni velocidades de conexión tan competitivas como ahora. Sin embargo, esa expansión no ha significado automáticamente inclusión, productividad ni igualdad de oportunidades. La infraestructura avanza más rápido que la capacidad del paÃs para convertirla en desarrollo.
Esa es una de las tesis centrales de Democratización de la tecnologÃa: el camino hacia la inclusión digital en México, de MartÃn Yeshuá Barragán Cruz, libro que propone una lectura incómoda pero vigente: digitalizar una sociedad desigual no necesariamente la vuelve más justa, a veces solo moderniza sus viejas brechas.

Un paÃs con 100 millones de usuarios… y desigualdades persistentes
Los datos recientes muestran avances reales. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de TecnologÃas de la Información en los Hogares 2024 del INEGI, 100.2 millones de personas en México usan internet, equivalente al 83.1% de la población de seis años o más. Además, 73.6% de los hogares cuenta con acceso a internet.
También la velocidad ha mejorado. Datos de Ookla recopilados por DataReportal indican que, a inicios de 2025, México registró una velocidad mediana de banda ancha fija de 83 Mbps, mientras que en internet móvil alcanzó 33.1 Mbps. Para finales de 2025, la banda ancha fija ya rondaba los 90.5 Mbps y el móvil los 45.2 Mbps.
En otras palabras: México está más conectado y más rápido.
Pero eso no significa que esté más integrado.
El problema no es solo entrar a internet
Barragán Cruz insiste en una diferencia crucial: no es lo mismo acceso, uso y comprensión.
- Acceso: tener señal, red, dispositivo.
- Uso: saber operar herramientas digitales para estudiar, trabajar o vender.
- Comprensión: entender cómo funcionan plataformas, algoritmos, datos y decisiones tecnológicas.
Ese tercer nivel suele olvidarse. Un paÃs puede presumir millones de usuarios conectados y seguir teniendo una ciudadanÃa digital débil, dependiente o vulnerable.
Y hay señales de ello: aunque el uso del celular sigue creciendo, el uso de computadoras cayó respecto a la última década. En 2024, solo 36.6% de la población usó computadora, mientras el acceso móvil domina ampliamente.Â
Eso importa porque muchas actividades de mayor productividad —programación, diseño, gestión avanzada, formación técnica— siguen realizándose mejor desde una computadora que desde un teléfono.
Enciclomedia: una promesa adelantada a su tiempo
México ya habÃa intentado una gran apuesta tecnológica educativa. En el sexenio de Vicente Fox surgió Enciclomedia, programa que digitalizó contenidos escolares para aulas públicas mediante pizarrones electrónicos, computadoras y materiales interactivos.
Fue uno de los proyectos tecnológicos más ambiciosos de su momento en América Latina. Pero su balance terminó siendo mixto: modernizó miles de salones y acercó recursos digitales a docentes, aunque también enfrentó crÃticas por costos elevados, mantenimiento insuficiente, capacitación desigual y falta de continuidad entre administraciones.
El problema no fue solo técnico. Fue estructural: introducir hardware sin asegurar ecosistema pedagógico, soporte y actualización permanente.
La lección sigue vigente hoy.
Brecha urbana, brecha regional, brecha productiva
La conectividad tampoco está distribuida de forma homogénea. El propio libro subraya diferencias históricas entre centros urbanos y periferias. La ENDUTIH confirma que las entidades con mayores niveles de acceso siguen concentrándose en zonas con mayor desarrollo económico.
Además, miles de pequeñas y medianas empresas continúan con baja digitalización: presencia web limitada, escasa automatización, ventas poco integradas al comercio electrónico y uso reducido de herramientas de datos.
Eso significa que internet existe… pero no siempre se traduce en competitividad.
Lo que viene: IA, empleo y nuevas brechas
La siguiente etapa ya comenzó: inteligencia artificial, automatización y servicios digitales avanzados. Si México no fortalece habilidades técnicas, pensamiento crÃtico y formación digital masiva, el riesgo es claro: que la nueva brecha no sea entre conectados y desconectados, sino entre quienes saben aprovechar la tecnologÃa y quienes solo la consumen.
La pregunta, entonces, no es si México será más digital. La pregunta es si logrará ser más productivo, más libre y más justo gracias a lo digital.