El desarrollo de videojuegos en España es un caso fascinante, no sólo en términos de estudios desarrolladores que han tenido la oportunidad de trabajar con las marcas más representativas del mercado (como MercurySteam creando entregas de Castlevania y Metroid para Konami y Nintendo, respectivamente), sino también por la manera en que títulos indie como Blasphemous y, ahora, Crisol: Theater of Idols, abrazan la identidad española desde el folclore religioso y la toman como chispa para proponer mundos siniestros en los que la fe y la penitencia son el motor de jornadas salpicadas de sangre que, además, presumen inspiración en sagas icónicas del gaming.
Caso concreto, con Blasphemous y —en mayor medida— su secuela Blasphemous II, las influencias de Castlevania eran obvias. Y ahora, con Crisol: Theater of Idols, del desarrollador Vermila Studios y el distribuidor Blumhouse Games, las inspiraciones observables desde el arranque son BioShock y Resident Evil 7 y Village, evidenciadas en la perspectiva en primera persona, la ambientación, el tipo de acertijos y las decisiones artísticas en modelos de personajes y armas.

Considerando que las influencias de Crisol son claras y que su distribuidor es el subsello de gaming de Blumhouse, una firma asociada al cine contemporáneo de horror estadounidense, ¿estamos ante un juego que subsiste a partir de una propuesta que trasciende la frontera de la inspiración, o es más bien uno que se queda a la sombra de todo aquello que sirvió de base y referencia para sus creadores?
Afortunadamente estamos ante el primero de estos escenarios, un juego que resultará familiar para usuarios de BioShock y los Resident Evil en primera persona, pero que a la vez se mantiene de pie con una personalidad propia que, tal como sucedió con Blasphemous, nos sugiere que quizá en España haya una especie de obsesión por el lado más macabro de su folclore religioso.
Sobre penitencia y sangre
Ubicado en la región ficticia de Hispania, Crisol nos pone al mando de Gabriel Escudero, un soldado devoto que arriba a la isla de Tormentosa con una misión divina: acabar con El Mar, una figura que se opone al dios El Sol. Mientras se adentra en el territorio y explora sus diferentes secciones, el protagonista se encontrará con aliados, resolverá acertijos, mejorará habilidades y arsenal, usará armas que utilizan su propia sangre como munición y hará frente a ídolos religiosos que cobran vida.
Conforme la aventura avanza, Gabriel tendrá momentos en los que el fervor ciego de pronto se convertirá en cuestionamiento. ¿Realmente está en medio de una misión que se justifica a la luz de sus creencias, o está más bien conduciéndose con un sentido de penitencia que ni él mismo comprende?
Desafortunadamente, Crisol, que en definitiva no es de perfil interpretativo ni de lecturas rebuscadas, no profundiza en su potencial narrativo y deja a la deriva conexiones y desarrollos que hubiesen ayudado a comprender mejor sus personajes y motivaciones, pero en su lugar ofrece una experiencia envolvente con la que es imposible no quedar encantado a partir de ambientación, visuales y gameplay.

Sobre shooting, acción, horror y supervivencia
Para usuarios de Resident Evil Village, la propuesta y jugabilidad de Crisol serán familiares. Hay un campamento que hace las veces de hub central, del que se desprenden secciones que se deberán completar para encontrar artefactos que desbloquearán una región final. Desde una perspectiva subjetiva, el combate se libra a punta de disparos (con la posibilidad de mejorar los stats de cada arma con ayuda de moneda), mientras que la exploración da pie a la resolución de puzzles (algunos de dificultad elevada), todo contenido en un margen de acción con elementos de horror.
Dicho esto, Crisol ofrece un giro único para recordarnos que las experiencias más memorables en el espectro del horror en gaming son aquellas que nos hacen sentir vulnerables y con recursos limitados. Aquí, la munición y la regeneración de vida dependen de la sangre del protagonista y, de esta manera, cada enfrentamiento se vuelve un círculo estratégico, pues disparar consume munición, recargar munición resta sangre, y regenerar sangre involucra consumir la de animales o personas muertas, o bien, usar inyecciones (como en BioShock), reforzando de paso el rol que juegan el sacrificio y lo ritualístico como eje temático y piedra angular del gameplay.
Es un círculo estratégico que quizá haga que a Crisol se le pueda considerar dentro de la esfera del survival horror, pero lo cierto es que el músculo está puesto en liquidar adversarios a tiros, de manera que para las últimas horas —siempre y cuando el usuario haya invertido tiempo y esfuerzo en la recolección de moneda para la mejora de habilidades y arsenal— se tendrá a disposición armas fulminantes que consumen poca cantidad de sangre por disparo y que harán más fácil jalar el gatillo a diestra y siniestra.

Sobre obsesión con la religión
Los horrores visuales de Crisol se fundamentan en el folclore religioso de España y, al igual que en Blasphemous, su religión ficticia es un reflejo de conceptos y estéticas del catolicismo tradicional. Es así que, por un lado, los adversarios comunes son ídolos o estatuas que cobran vida, mientras que el “chaser” principal es una suerte de Virgen María retorcida. Su lore también muestra puntos identificables en el marco de la tradición católica, como un dios padre y la importancia mayúscula que juega una mujer.
Es aquí donde yace la parte más fascinante de Crisol, pues si bien el argumento desafortunadamente carece de desarrollos y trasfondos, y el juego se preocupa más por mostrar literales “fantasmas” del pasado que no llevan a ningún lado en lugar de darle grosor a los contextos, es la ambientación y la existencia de sujeciones religiosas las que le dan a la jornada un matiz inquietante y siniestro.
¿España en general tendrá esta macabra obsesión por su fe cristiana? Sería interesante despejar la duda, pero de momento nos dejamos abrazar por las visiones que Blasphemous y Crisol, con su énfasis en aristas artísticas, nos ofrecen al respecto.

Conclusión
Jason Blum, CEO de Blumhouse, ha expresado que con su compañía busca darle exposición a obras de horror que, sin perder de vista la faceta efectista del género, pongan el reflector en los valores artísticos, aún cuando los presupuestos se mantengan en una trinchera modesta, y en ese sentido, Crisol: Theater of Idols es un juego que se alinea por completo con esta visión, pues es un juego indie de acción y horror que pone los acentos en su dirección de arte y en la ambientación que de ella se desprenden.
Es cierto que al momento de elaborar este review hay bugs que esperemos sean corregidos y nos hubiese encantado ver un desenvolvimiento más eficaz de la trama, pero las finalidades de Vermila Studios y Blumhouse Games son las mismas a las que busca llegar el usuario adepto a las buenas obras de horror: entretenerse, inquietarse y emocionarse.
Y si estas finalidades llegan cortesía de un juego influenciado por BioShock y Resident Evil que, además, forma parte de una muy peculiar perspectiva siniestra del gaming indie de España, tenemos entonces una propuesta manchada de sangre que cualquier fan de Blasphemous necesita conocer de primera mano.
Calificación: 8.0/10
Crisol: Theater of Idols
Desarrollador: Vermila Studios
Publisher: Blumhouse Games
Revisado en PlayStation 5. También disponible en Xbox Series y Steam
