La escena no ocurre en un laboratorio, sino tras un vuelo largo a la Ciudad de México. Li Changzhu, chief strategy officer de Huawei Health nos confiesa que durmió poco la primera noche; al día siguiente, la app de Huawei Health no solo le puntuó el sueño: identificó el jet lag y la altitud de la capital para ofrecerle un plan inmediato —horarios, siestas breves, luz, cafeína— todo para corregir esa misma noche.
Changzhu nos recibe en las oficinas de la marca ubicadas en Plaza Carso. Desvelado y tras un par de días en aeropuertos, el ejecutivo nos cuenta la anécdota con buen humor; sin embargo, el punto es serio: “No es solo decirte que dormiste mal; es cómo mejorar hoy”. El ejemplo resume la tesis de su equipo: el valor del wearable no está en las gráficas, sino en traducir señales fisiológicas en acciones concretas que el usuario puede seguir para mejorar su salud.
Antes de hablar de algoritmos, Li prefiere hablar de personas y nos cuenta que la misión de Huawei Health es digitalizar la condición del usuario y combinar un estilo de vida cotidiano con parámetros de actividad, sueño y recuperación para evaluar tendencias y orientar cambios de forma clara. En la práctica, significa ir de un “SpO₂ al 95%” a un “acuéstate 30 minutos antes, baja la intensidad y recorta la cafeína en la tarde”.
Dichas promesa se sostiene en una idea que Li dejo clara varias veces durante la entrevista: la IA y funciones avanzadas como el monitoreo cardíaco o de sueño deben funcionar de manera invisible, o al menos, imperceptible para el usuario.
“Una buena aplicación de IA es aquella que el consumidor no nota; debe estar en todas partes, pero sin gritarlo”, explica.
Huawei integró modelos pequeños —no grandes modelos— directamente en el dispositivo desde hace tiempo para procesar señales como la variabilidad cardiaca (HRV) y detectar patrones compatibles con fibrilación auricular (AF). ¿Resultados? “Más de 87% de exactitud” en sus validaciones, dice, pero remata enseguida: “no se trata de la palabra IA; para el 95% de la gente importa qué beneficio recibe, qué servicio obtiene y qué riesgo podemos anticipar para ayudarle a prevenir”.

La interacción también evoluciona. Li muestra un módulo de contacto del Watch GT5 que permite una lectura exprés de SpO y dispara un chequeo rápido con 16–17 parámetros. ¿Por qué el dedo y no solo la muñeca? “Porque la vasculatura y la piel del dedo son menos variables que en la muñeca —color, grosor, vello—; así obtenemos lecturas más consistentes”, explica. Junto con una autonomía larga y pantallas legibles al sol, ese tipo de diseño apunta a lo mismo: menos fricción, más adherencia. Si el wearable molesta, termina en un cajón; si es claro y cómodo, acompaña todos los días.
Cuando la conversación gira a datos y regulación, el directivo es tajante: nada de atajos. “Si construimos un modelo con una institución, reclutamos voluntarios y seguimos regulación estricta; ocurre con datos médicos y también con datos de consumo”. Por eso, los proyectos se repiten localmente cuando buscan desplegarse en otro país. “Para AF, la primera fase fue en China; si vamos a lanzar en otro lugar, debemos repetir la investigación con un instituto local. No es solo factibilidad; es cumplimiento regulatorio”, explica.
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¿Y cómo aterriza todo en México? Li pone dos reglas sobre la mesa: “primero, seguir la regulación local; segundo, la gestión de salud no la hace Huawei”. La compañía, dice, es “experta en producto y dato”; el servicio se construye “con el ecosistema local”: aseguradoras, hospitales, compañías de health management. Con permisos en regla, esa cooperación permite que los datos del reloj dialoguen con profesionales, cuando el usuario así lo elige.
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La co-creación no solo ocurre con hospitales. A veces empieza con deportistas. Li recuerda el primer reloj de apnea de la marca: se co-diseñó con un apneísta profesional, entonces récord asiático. “En free diving está en juego la vida; por eso definimos juntos qué parámetros ver, qué funciones son críticas”, dice. El método se repite: escuchar requerimientos, definir especificaciones, llevarlas a investigación y volver al prototipo con la validación del experto.
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¿Hasta dónde puede llegar un reloj hoy? Más lejos de lo que pensamos, pero con cautela. Hay alertas reactivas que ya existen —por ejemplo, tensión alta— y contactos de emergencia predefinidos: “Si alguien mide la presión y sale muy alta, el reloj puede enviar un mensaje o llamar al contacto elegido”, explica Li. Lo que viene es contexto y personalización: que el asistente sepa cuándo empujar, cuándo educar y cuándo callar para no agotar al usuario.
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A lo largo de la charla, Li vuelve al mismo punto de partida: la tecnología sin propósito no mueve la aguja. “Hemos integrado IA desde hace mucho, pero preferimos beneficios y servicios a ‘vender’ una palabra. La tecnología, por sí misma, no le dice nada a la mayoría”, afirma. Si el reloj reduce falsos positivos, protege la privacidad al procesar en el dispositivo, y convierte datos en decisiones diarias —dormir antes, bajar intensidad, llamar al médico cuando toca—, entonces el wearable deja de ser accesorio y se convierte en una plataforma cotidiana de salud. Ese, insiste, es el partido que Huawei Health quiere ganar.
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