El amor en tiempos de Tinder: crónica de un ligue frustrado

Marzo 11, 2014

por: Celia Ramírez Zolezzi

Hoy en día es posible hacer casi cualquier cosa con tu celular, incluyendo buscar pareja. Para eso está Tinder, la app para ligar por excelencia, aunque no siempre dé resultados.

Dice la leyenda que la primera gran idea de Mark Zuckerberg antes de que inventara Facebook era un sitio llamado Facemash, en donde sus compañeros hombres podían ver y comparar fotos de las chavas de su universidad para “catalogarlas” como bonitas o feas. Como dirían los gringos, “just for fun”.

 

La idea suena atroz si la pensamos como una página exclusivamente para burlarse de los demás, aunque en el fondo, si lo pensamos bien, hasta cierto punto es una reacción natural de los seres humanos –nos guste o no- que, para efectos prácticos, representa los inicios de lo que hoy se ha materializado en diversas páginas web para encontrar pareja y, recientemente, en un par de apps para ligar.

 

Hace un par de semanas escuché por primera vez de la existencia de Tinder, una app para solteros enfocada a ligar. Curiosamente, era un reportaje especial sobre la forma en que los atletas interactuaban en la Villa Olímpica durante las más recientes Olimpiadas de Invierno en Sochi, Rusia. Es bien sabido que los atletas olímpicos disfrutan a sus anchas del libertinaje que les da vivir “juntos”, en lo que al parecer es un desfile de caras bonitas y cuerpos mejor formados. Después de leer con gran interés las historias de cómo la app tuvo un incremento diario del 400%, de atletas confesando tener que desinstalar la app para evitar la enorme “distracción” y de los poderes aparentemente adictivos de esta app, me pareció que era un buen momento para contar una historia, pero desde el punto de vista de México.

 

En un arranque al estilo de la película Cómo perder a un hombre en 10 días, se me ocurrió que una forma entretenida de contar la historia sería si probaba primero la app. Así podría compartir con el mundo la forma en que Tinder cambió mi vida y me ayudó a encontrar el amor. Bueno al menos a conseguir una cita casual con un completo desconocido (que con algo de suerte se pareciera a Matthew McConaughey –se vale soñar–), con toda la adrenalina y emoción que traen consigo interactuar por primera vez con un completo extraño.

 

Por otro lado, sería útil comprobar personalmente si realmente había gente utilizado Tinder en México, o si era demasiado avanzado para una sociedad tan tradicional como la nuestra.

 

El objetivo final sería dar consejos “prácticos” o, por lo menos, compartir la experiencia para que otros usuarios actuales o en potencia supieran que “no están solos” y que, al final del día, todos pasamos por lo mismo. 

 

Así que, luego de usar Tinder por una semana, aquí les dejo mis conclusiones sobre la app. Algo así como mi manual personal para el uso de Tinder.

 

1.Tinder no es para todos. O al menos no debería serlo. Se necesita un poco de valor, mucha seguridad y, sobre todo, interés real en usar la app “seriamente”, de lo contrario Tinder se llena de usuarios “estorbo” que quitan tiempo y le restan utilidad a la app. Si realmente no estás dispuesto a mandar un mensaje para saludar a alguien, a ponerte en contacto, no entres a Tinder y, si lo estás, salte inmediatamente (por favor). Estás haciendo que mucha gente pierda su tiempo.

 

2. Nada de qué avergonzarse.  Cuando empecé a usar Tinder me apenaba enormemente la sola posibilidad de que alguien me viera entrando a la app, me preocupaba lo que pensaran de mí. Pronto decidí hacer pública mi incursión en la app y, para mi sorpresa, descubrí que varias personas cercanas en la oficina la usaban y no sólo eso, una de ellas había tenido varias citas con diversas chicas por medio de la app. Otro incluso ya me había visto en Tinder –como yo después encontré a muchos otros conocidos más-. Resultó que ser abierta y no avergonzarme no sólo fue más divertido, sino que me ayudó a compartir experiencias y muchas risas. Varios también se unieron a Tinder una vez que les conté más sobre la app

 

3. No todos son pervertidos sexuales. El primer estigma que uno se enfrenta al usar una aplicación de este tipo, especialmente si eres mujer, es que te vas a encontrar con puros pervertidos sexuales, o personas que sólo buscan un “acostón” fácil de una noche. Y si bien no seré yo quien desmienta este mito –pues aunque no me tocó vivirlo, un amigo cercano me enseñó una captura de pantalla de Tinder donde un hombre se lo pedía explícitamente a una amiga suya- mi impresión es que no hay gran diferencia entre Tinder y algún antro, bar, fiesta o evento social, donde igual te puedes encontrar a gente desagradable que a alguien realmente especial. En todo caso, Tinder es sólo una extensión de la “vida real”. Con todo lo bueno y malo que hay en ésta.

 

4. Una imagen habla más que mil palabras. En primera instancia, muchos podrían catalogar a Tinder como una aplicación “cruel” o superficial porque esencialmente consiste en separar a las personas “bonitas” de las “feas”, según tus gustos. Sin embargo, una vez más, esto no es diferente a lo que hacemos en la “vida real”. Dicho esto, todos sabemos que de la vista nace el amor, así que una buena foto(s) no le hace daño a nadie. Pero no sólo eso, muchas veces una imagen habla, literalmente, más que mil palabras y nos dice mucho de las personas. No es de extrañar que no nos dé confianza alguien que en ninguna de sus fotos muestra su cara completa o lo que es peor, encontrar fotos de parejitas y hasta novios -con todo y vestido blanco y esmoquin-. Si eres de los que odia los animales, una persona que posa en todas la fotos con su perro te parecerá desagradable, por muy atractiva que parezca. Incluso una persona que parece muy atractiva, pero que muestra demasiado su cuerpo, sus músculos o sus curvas -en el caso de las mujeres- te habla de personas que están enfocadas sólo en lo físico y que, claramente, no buscan nada serio.

 

5. No es para desesperados. Uno de los grandes estigmas en México es que los sitios para encontrar pareja o, en este caso, las apps para ligar, son para personas desesperadas. Y éste es posiblemente el peor mito de todos porque gracias a pensamientos como éste, muchas personas se asustan y se niegan a abrirse a este tipo de experiencias que pueden ser no sólo interesantes, sino potencialmente transformadoras. En mi muy breve paso por Tinder me encontré no sólo a varias personas del trabajo, sino a otras personas que he conocido a lo largo de mi vida, ex compañeros de la escuela, entre otros. Todas ellas personas serias y trabajadoras, en lo absoluto desesperadas por tener una pareja. Al final del día, Tinder es sólo un medio más para conocer personas. Es un hecho que no sólo los programadores introvertidos tienen problemas para establecer relaciones humanas, especialmente en una época tan impersonal e irónicamente antisocial como en la que vivimos, donde ya difícilmente alguien se atreve a hacer contacto en persona.

 

6. Es altamente adictiva. No me considero una persona con tendencias adictivas, aunque dicen que todos, absolutamente todos, tienen un vicio (bueno o malo). Sin embargo, después de usarla intensamente por 7 días puedo afirmar con certeza que Tinder tiene, en efecto, un poder altamente adictivo. Tanto, que la app puede rápidamente perder su sentido original -de encontrar pareja o concretar una cita- para convertirse en un simple juego, especialmente cuando te enfrentas a tantos usuarios que te dan “like”, pero que una vez que surge el “match” deciden ignorarte por completo. Al final del día uno pierde el miedo de dar “likes masivos” hasta que te das cuenta que solamente entras a Tinder por la diversión de eliminar perfiles masivamente, o para ver quién de los pocos que escogiste te dio like de regreso.

 

7. Sí se puede encontrar el verdadero amor. Aunque tampoco puedo corroborar esto personalmente, durante mi "investigación" también tuve información de primera mano sobre la existencia de una parejita que se conoció por medio de la app y que, casi casi, fueron felices para siempre -no como Tinderella, claro está-. Por lo menos son novios y parece que va en serio. Nada mal considerando mi hipótesis de que muy pocos usarían la app en México. Parece que el fenómeno Tinder se mueve mucho más rápido de lo que había pensado originalmente.

 

 

Es posible que a estos 7 puntos se puedan añadir varios otros, pero en mi experiencia son, quizás, los más relevantes.

 

Pero no sólo eso, la idea era narrar una experiencia completa de Tinder y poder contarles lo que es tener una cita con ayuda de la app (idea que, aunque originalmente resultaba aterradora, ya había asimilado, decidido y casi planeado), aunque probablemente muchas personas tengan ya muchas y mejores historias que compartir al respecto.

 

Sin embargo para mí, "la experiencia Tinder" se limitó a un solo intercambio de mensajes en donde (equivocadamente) pensé había existido cierta química; y a otro intento de inicio de conversación –esta vez por iniciativa mía- que nunca obtuvo respuesta.

 

Dado el “éxito” de mi incursión en Tinder –y, sobre todo, a la enorme pérdida de tiempo- decidí borrar mi cuenta y desinstalar la app, al menos por ahora. No descarto regresar al “vicio” de Tinder en algún momento, cuando el mundo esté listo para mí, o quizás cuando yo esté dispuesta a dejar de huir, a dejar de ser una “forever alone”.

 

Mientras tanto, me retiro de Tinder con un “score” de 22 posibles parejas –unas increíblemente atractivas, otras suficientemente aceptables-. Todas ellas en un área de no más de 80 kilómetros de distancia, para un promedio de 3 parejas encontradas por día –de entre miles de resultados escaneados-. Una de esas derrotas que saben a victoria.

 

Twitter: @celiazolezzi

Nos interesa tu opinión:

Comenta: