parentesis.com/

Las tensiones entre China, Taiwán y Estados Unidos ponen de nuevo en jaque la producción de autos y de casi cualquier aparato tecnológico en el mundo


Parecería que la crisis de los semiconductores estaba cediendo, sin embargo, un conflicto diplomático y hasta militar entre China, Taiwan y Estados Unidos podría desencadenar una crisis global tecnológica con consecuencias graves.

por: Mauricio Juarez Mauricio Juarez

portada de nota
precios de venta

China y Taiwán llevan décadas de una relación diplomática delicada, misma que últimamente se ha deteriorado ante la amenaza de China para invadir y reincorporar a Taiwán a su estructura de gobierno. Estas tensiones se ven exaltadas por la relación de Estados Unidos con Taiwán y la reciente visita de Nancy Pelosi, Presidenta de la Cámara de Representantes de EE.UU. a Taiwán hace unas horas. Ya que es la primera vez que un alto funcionario de Estados Unidos visita Taiwán en más de 25 años y justo en un momento de altas tensiones entre ambos territorios.

No es secreto que China y Estados Unidos tienen una rivalidad en prácticamente todos los sentidos por lo que ser los controladores de una industria tan importante a nivel global como la de los semiconductores es esencial para hacerse con un dominio claro.

 

Ante lo anterior, China de inmediato ha movilizado a una gran cantidad de elementos militares a las costas que colindan con Taiwán, anunciaron ejercicios militares con fuego real y también lanzaron una amenaza a Estados Unidos para que no intervenga en Taiwán. Argumentando que “quién juega con fuego, se quemará”.

 

Para contextualizar un poco más hay que recordar que Taiwán perteneció a China hasta el siglo XVII, después pasó a ser parte de Japón y finalmente tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, regresó a manos de China, sin embargo, una guerra interna entre el nacionalistas y comunistas culminó con la victoria de los últimos mencionados. Obligando a los remanentes de los nacionalistas a huir a Taiwán donde se refugiaron y establecieron una especie de gobierno independiente que hasta la fecha lucha contra las constantes amenazas de la unificación china.

Durante todo ese tiempo, Taiwan también se convirtió en una potencia en el desarrollo de tecnologías y al día de hoy cuentan con la empresa de chips y semiconductores más importante a nivel mundial. Taiwan Semiconductor Manufacturing (TSM), controla el 50% del mercado global en temas de semiconductores. Esto quiere decir que suplen de componentes esenciales a prácticamente empresas de todo el mundo que fabrican casi todo lo que usamos a diario, desde autos, celulares,  computadoras, videojuegos, electrodomésticos, maquinaria pesada y mucho más.

Un conflicto como una invasión de China a Taiwan vería como uno de los objetivos principales el tomar el control de TSM para priorizar la evolución de sus tecnologías y cadenas de producción. En un mundo tan globalizado el perder a un proveedor tan importante como TSM implicaría una crisis en todas las industrias, pues al no tener los semiconductores necesarios para fabricar millones de componentes se perderían años en desarrollo de nuevos chips y producción de los mismos. Además de que lo poco que quede disponible en el intermedio subiría sus costos de forma dramática al haber un exceso de demanda y una oferta minúscula.

Entendiendo un poco más cómo afectaría a la industria automotriz, hay que  tener extremadamente claro que casi la totalidad de los autos producidos hoy en día ya no son análogos. Necesitan de estos componentes para hacer funcionar las múltiples computadoras que controlan la ignición, motor, transmisión, módulos de asistentes de seguridad, inyección, sensores de oxigenación, sistemas de infoentretenimiento, controles de climatización, en fin, todo lo que un auto requiere para funcionar o para hacernos más cómodos los viajes.

 

Por ahora todo sigue siendo delicado y la producción de TSM no ha parado o se ha producido un altercado mayor. Pero de llegar a suceder, los retrasos en entrega de productos no serían como los que vivimos hoy, serían mucho peores y no se regularía en cuestión de tres a cinco años como se prevé que suceda con la crisis actual que la pandemia y la guerra entre Rusia y Ucrania dejaron. Un conflicto de esa escala dejaría problemas por mucho más tiempo.

 

Comenta:

separador de nota