Perder el celular ya no es solo un inconveniente, pues para millones de personas en México, significa quedarse sin acceso a clientes, pedidos, pagos e incluso sin poder trabajar.
De acuerdo con datos de la empresa PayJoy, el 86% de sus usuarios afirma que su teléfono y que en muchos casos financiado, es indispensable para desempeñar su empleo o negocio. Más que un dato curioso, esto refleja cómo el celular pasó de ser un simple distractor a una herramienta productiva clave en la vida diaria.
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Este fenómeno tiene mucho sentido si se mira el contexto laboral del país, ya que según cifras del INEGI, en México hay alrededor de 59.5 millones de personas trabajando, pero más de la mitad, específicamente el 54.5%, trabaja en la informalidad. Además, cerca de 12.7 millones son trabajadores por cuenta propia.
Es decir, una gran parte de la población depende de ingresos variables, sin estructuras laborales tradicionales, donde el acceso a clientes y oportunidades ocurre, en muchos casos, desde el celular.
En este escenario, el smartphone dejó de ser solo un canal de comunicación, hoy funciona como una especie de “centro de operaciones portátil”. Desde ahí se reciben pedidos, se coordinan entregas, se cobran servicios y se mantiene el contacto con clientes. Para muchos trabajadores independientes, como repartidores, conductores o pequeños emprendedores, dejando al teléfono como principal herramienta.
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La Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) señala que 98.6 millones de personas en México usan teléfono celular, lo que equivale al 81.7% de la población de seis años o más. De ese total, el 96.6% utiliza exclusivamente un smartphone. Y entre quienes usan internet, el 97.2% se conecta desde un celular inteligente. En otras palabras, el acceso digital en el país pasa, casi por completo, por este dispositivo.
La dinámica no es exclusiva de las ciudades, aunque ahí se concentra con mayor intensidad
Para 2025, el 86.9% de las personas en zonas urbanas utilizó internet, frente a un 68.5% en zonas rurales. También hay diferencias en el tipo de actividades: mientras el 39.2% de usuarios urbanos compra productos o servicios en línea, en zonas rurales la cifra es de 19.1%. Aun así, el smartphone ya forma parte de la actividad económica en ambos contextos, aunque con distintos niveles de uso.
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Esto significa que, incluso donde hay menos infraestructura digital, el celular ya cumple funciones prácticas como vender productos, coordinar entregas o recibir pagos. No necesariamente con plataformas complejas, pero sí como una herramienta funcional que permite mantenerse activo en el mercado laboral. La brecha digital existe, pero no elimina el papel del smartphone en la economía cotidiana.
En el caso de PayJoy, su base de usuarios ayuda a entender mejor este perfil. La empresa reporta que el 59% de sus clientes son trabajadores independientes, incluyendo conductores, repartidores, vendedores y personas con ocupaciones parciales o intermitentes. Además, el 52% asegura que su teléfono financiado le ha ayudado a aumentar sus ingresos, mientras que el 87% dice sentirse más seguro financieramente.
Estos datos apuntan a un cambio interesante, el smartphone ya no se percibe únicamente como un bien de consumo, sino como una especie de infraestructura económica personal. Para quienes dependen de él para trabajar, quedarse sin dispositivo no es solo una molestia, es una interrupción directa en su capacidad de generar ingresos.
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